Frases
Orgullo y prejuicio - Jane Austen
–El orgullo –dijo la señorita Lucas– ofende siempre, pero a mí el suyo no me resulta tan ofensivo. Él tiene disculpa. Es natural que un hombre atractivo, con familia, fortuna y todo a su favor tenga un alto concepto de sí mismo. Por decirlo de algún modo, tiene derecho a ser orgulloso.
–Es muy cierto –replicó Elizabeth–, podría perdonarle fácilmente su orgullo si no hubiese mortificado el mío.
–El orgullo –observó Mary, que se preciaba mucho de la solidez de sus
reflexiones–, es un defecto muy común. Por todo lo que he leído, estoy convencida de
que en realidad es muy frecuente que la naturaleza humana sea especialmente propensa
a él, hay muy pocos que no abriguen un sentimiento de autosuficiencia por una u otra
razón, ya sea real o imaginaria. La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque
muchas veces se usen como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que
tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás
pensaran de nosotros.
Cap. V
–Cuando sólo tenía
quince años, había un caballero que vivía en casa de mi hermano Gardiner en la ciudad,
y que estaba tan enamorado de Jane que mi cuñada aseguraba que se declararía antes de
que nos fuéramos. Pero no lo hizo. Probablemente pensó que era demasiado joven. Sin
embargo, le escribió unos versos, y bien bonitos que eran.
–Y así terminó su amor –dijo Elizabeth con impaciencia–. Creo que ha habido
muchos que lo vencieron de la misma forma. Me pregunto quién sería el primero en
descubrir la eficacia de la poesía para acabar con el amor.
–Yo siempre he considerado que la poesía es el alimento del amor –dijo Darcy.
–De un gran amor, sólido y fuerte, puede. Todo nutre a lo que ya es fuerte de por
sí. Pero si es solo una a inclinación ligera, sin ninguna base, un buen soneto la acabaría
matando de hambre.
Cap. IX
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